A través del retrato y el autorretrato, nuestros estudiantes de kínder se sumergen en una experiencia artística que va mucho más allá del dibujo: es una invitación a mirarse, reconocerse y descubrir también a los demás.
Esta actividad no solo fortalece su expresión creativa, sino que también impulsa su desarrollo personal y social, promoviendo la identidad, la autoestima y el respeto por la diversidad.
Además, niños y niñas se inician en técnicas de observación y representación visual, aprendiendo a identificar detalles, gestos y expresiones, lo que enriquece sus habilidades para dibujar y pintar con mayor precisión.
Una experiencia donde el arte se transforma en un espejo… y cada trazo cuenta una historia.












